El poeta enfermo I
I. Prolegómenos de juglaría.
Lleno de asonancias y consonancias, de vivencias, hiatos y sinalefas, el poeta enfermó de gravedad cuando decidió que sus poemas tendrían hemistiquios. Comenzamos a verlo arrastrar ritmos de milpiés aterido, a tropezones fluyeron sus versos a partir de aquel día. Lánguido, visionario descalzo, trovador globalizado, el poeta dejó que las noches fuesen sus días y las ojeras fueran con sigilo adueñándose de su rostro. Poeta oscuro que, sin embargo, estaba decidido a batallar con la sombra bien medida, con escritos muy soneto, con los versos bélicos alejandrinos. Largas noches de profunda Estigia y de amores y de muertes, de alegrías, desfilaron ante los manuscritos ajados de juglaría y de clerecía. Y después: nada, sino el callado canto del solitario acompañado de sus letras, ritmos, troqueos. Enfebrecido de hemistiquios, abastecido de papel y pluma, escribió sin prisa los prolegómenos a sus poemas. Enfermo, el poeta, su mal romance contó.
Lleno de asonancias y consonancias, de vivencias, hiatos y sinalefas, el poeta enfermó de gravedad cuando decidió que sus poemas tendrían hemistiquios. Comenzamos a verlo arrastrar ritmos de milpiés aterido, a tropezones fluyeron sus versos a partir de aquel día. Lánguido, visionario descalzo, trovador globalizado, el poeta dejó que las noches fuesen sus días y las ojeras fueran con sigilo adueñándose de su rostro. Poeta oscuro que, sin embargo, estaba decidido a batallar con la sombra bien medida, con escritos muy soneto, con los versos bélicos alejandrinos. Largas noches de profunda Estigia y de amores y de muertes, de alegrías, desfilaron ante los manuscritos ajados de juglaría y de clerecía. Y después: nada, sino el callado canto del solitario acompañado de sus letras, ritmos, troqueos. Enfebrecido de hemistiquios, abastecido de papel y pluma, escribió sin prisa los prolegómenos a sus poemas. Enfermo, el poeta, su mal romance contó.
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