Las estatuas vivientes
Son un tipo particular de mimo en el que ellos se imitan a sí mismos y, en consecuencia, tienden a permanecer inmóviles para evitar una parodia excesiva. En este caso toda la vestimenta del actor será de un mismo color; blanca, si pretenden ser figuras de yeso; bronce o plateada, si pretenden ser metálicas imitaciones de próceres.
La estatua viviente tenderá a cambiar de posición a intervalos de tiempo medidos por el reloj de la iglesia o ayuntamiento cercano, o bien, por el agotamiento que una cierta postura provoque en las articulaciones del artista. En casos excepcionales —paloma que aterriza en la cabeza u hombro; niño malcriado con tendencia a patear las espinillas para salir de la duda respecto a la naturaleza de la insólita estatua, o ganas de largar un estornudo—, es admisible que el mimo cambie de posición antes de cumplirse el intervalo, ya sea de manera lenta y elegante o, dado el caso, de manera abrupta y con toda la intención de alejar por un buen rato al intruso que amenaza la perfección del número.
<< Home