Si mil Ares similares
El vagabundo llegó al festejo, era la reunión de ex alumnos de la licenciatura en letras. “¿Y quién es éste?”, murmuraban, se miraban, los invitados vestidos de traje y corbata. Nadie lo detuvo cuando se dirigió al podio donde estaba presente el director de la Facultad y algunos miembros de la Academia Nacional. Tras el asombro, callaron. La figura barbada, bárbara, del alumno expulsado, activó el altavoz y en baja voz comenzó:
—Ustedes, que se burlaron de mis cielos tan azules, de mis rosas tan rojas, reciban serenos mi tormenta de vocablos.
Entonces, como primera estrofa, una cadencia fría azotó las mesas con amargos vientos. Una vez agotada la hiel, irrumpieron a galope las onomatopeyas, causando una estridencia de trompetas vesperales y un tremor de estrellas binarias. Y continuó:
—Ahora, madre Pandora, abre la caja calamitosa y arráncale a los impíos las palabras y las ropas, párteles el corazón; retumba tus rayos, Zeus, exprímeles lágrimas miles, como si mil Ares similares furias desataren, desmembraran cuerpos, saltaran ojos de las cuencas y de los dedos uñas. Arrójalos, madre Pandora, a la justicia ecológica de las moscas.
Terminó el discurso y en silencio salió a la calle, tuvo que correr: eran los primeros cantos de las sirenas.
—Ustedes, que se burlaron de mis cielos tan azules, de mis rosas tan rojas, reciban serenos mi tormenta de vocablos.
Entonces, como primera estrofa, una cadencia fría azotó las mesas con amargos vientos. Una vez agotada la hiel, irrumpieron a galope las onomatopeyas, causando una estridencia de trompetas vesperales y un tremor de estrellas binarias. Y continuó:
—Ahora, madre Pandora, abre la caja calamitosa y arráncale a los impíos las palabras y las ropas, párteles el corazón; retumba tus rayos, Zeus, exprímeles lágrimas miles, como si mil Ares similares furias desataren, desmembraran cuerpos, saltaran ojos de las cuencas y de los dedos uñas. Arrójalos, madre Pandora, a la justicia ecológica de las moscas.
Terminó el discurso y en silencio salió a la calle, tuvo que correr: eran los primeros cantos de las sirenas.
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